Por Brenda Melissa Joya Renderos
Fuente: https://www.igsitalia.org/
Hablar de Antonio Gramsci
supone un reto para cualquier académico, pues siendo uno de los referentes en
filosofía en temas de cultura y comunicación, analizar su pensamiento desde una
postura innovadora es realmente desafiante. Por lo tanto, este ensayo se enfoca
en la comprensión de los términos de hegemonía, sentido común y cultura que Gramsci
propone, su relación de análisis y posibles aplicaciones; así como comprender la
postura del autor en su contexto. Para ello se revisan, tanto obras directas
del autor principal, como otros autores que han estudiado el pensamiento del
filósofo italiano. Ese es, por lo tanto, el aprendizaje principal en este
ejercicio de reflexión y ampliación de conocimientos sobre el pensamiento de uno
de los grandes del siglo XX.
Para todas las
profesiones académicas es necesario el estudio de textos académicos, tal cual
es la química para laboratoristas o fisiología para médicos; en el caso de las
ciencias de la comunicación, es el estudio de sus teorías su principal
herramienta de análisis; con ellas se pueden entender razones de interacciones
humanas, formas de ver el mundo, mediaciones, interacciones, etc. Forman parte
del abanico de posibilidades para sumergirse en reflexiones teóricas de este
campo.
En el apasionante mundo del estudio académico de las comunicaciones sobresale Antonio Gramsci, un filósofo, dirigente y periodista italiano que destaca por su aporte en diversos ámbitos, uno de ellos es el cultural. Gramsci tuvo sus estudios en la Universidad de Turín en filología, fue fundador del diario comunista l'Unità, secretario general del Partido Comunista Italiano y diputado por Venecia (Infoamérica, s. f.). Esto da un panorama de la vida Gramsci, más aún al saber que una de sus obras más famosas fueron los cuadernos que escribió desde prisión, donde según Infoamérica (s.f), recoge “el núcleo central de su pensamiento”.
De la biografía de Gramsci se rescata – entre muchas otras cosas – su capacidad de análisis en cuánto al contexto vivido, es decir, que con la experiencia que tuvo al estudiar la filosofía de la praxis y la influencia de la Unión Soviética en el ejercicio político de Europa resalta su deseo y ambición de querer aplicarlo al contexto italiano. Ese espíritu que sobresale en Gramsci -además de su inherente intelectualidad- lo lleva a escribir obras que han trascendido en el tiempo. Su teoría y sus fundamentos han logrado desentramar conceptos que explican realidades actuales, en otras palabras, la vigencia de su análisis permite encontrar respuestas y formas de analizar fenómenos culturales, comunicacionales, educativos, y políticos actuales. Por ello, el ensayo se centra en el aporte a la cultura, específicamente en el término hegemonía y cómo este proceso influye en la forma de interpretar el funcionamiento del mundo en cuanto a sus relaciones productivas con su modo de producción y las relaciones sociales que se establecen; así como identificar qué envuelve el análisis de la realidad desde una postura hegemónica o contra hegemónica desde una mirada cultural y comunicacional. Gramsci entiende por hegemonía:
Algo que opera no sólo en la estructura económica y
la organización política de la sociedad, sino, además, específicamente, sobre
el modo de pensar sobre las orientaciones teóricas y hasta sobre el modo de
conocer (citado por Gruppi, 1978, p. 10).
Fuente: http://www.filmaffinity.com
Además, Gruppi
ayuda a la comprensión de hegemonía diciendo que “es tal en cuanto se traduce
en una reforma intelectual y moral” (p. 102). Estas definiciones invitan a
confirmar que la hegemonía se encuentra en esa dimensión simbólica a la que pertenecen
nuestras estructuras mentales, es decir, la forma en que razonamos, la forma de
explicarse sucesos, relaciones sociales y el entorno. La hegemonía, según
Gramsci, la podemos comprender como algo ubicuo y que se construye por canales que
pasan desapercibidos o en un proceso de normalización en su máxima expresión.
Incluso se podría decir que las conciencias individuales sobre este proceso no
se están asumiendo como una realidad existente porque su campo de elaboración
hegemónico pasa en la dimensión simbólica e intangible como las estructuras
mentales de los individuos.
Según algunos postulados
básicos sobre la filosofía de la praxis, cada estructura económica que avanza
-que varía por el desarrollo de sus fuerzas productivas- tiene su superestructura
política e ideológica; por lo tanto, un análisis de Marx citado por Gruppi (1978)
clarifica que “no es la conciencia de los hombres la que determina su ser; por
el contrario, su ser social es lo que determina su conciencia” (p.31). Es
decir, si una clase hegemónica impregna su concepción del mundo en las clases
subalternas, la conciencia de estas clases – aunque sean proletarias – serán
hegemónicas y, por ende, su práctica reforzará dicha hegemonía. Además, Gruppi confirma
que la superestructura de la base económica está en el modo de pensar, es
decir, la conciencia.
Con estas
especificaciones se comprende que la superestructura es un aparato hegemónico,
en el cual se vierten ideas con el propósito de crear conciencias y maneras de
ver el mundo, independientemente de la clase social a la que pertenecen. Por lo
tanto, la superestructura es considerada hegemónica, sin embargo, no se podría
clasificar como la única expresión de hegemonía.
Además, se comprende la hegemonía como un proceso de dirección política e ideológica con múltiples manifestaciones en la sociedad civil que influencia el sentido común de dicha sociedad podemos hablar de esa capacidad para instalar y provocar concepciones del mundo. Gramsci (1971) se refiere al sentido común como “un orden intelectual” y “una norma de conducta” (p. 14). También aprovecha para agregar que en el sentido común tiene características difusos y dispersos de un pensamiento genérico de cierta época y de ambiente popular. Pero que toda filosofía tiende a convertirse en sentido común de un ambiente determinado.
Es decir, que Gramsci vincula el sentido común a la vida cotidiana, en la manera de interactuar en un ambiente u entorno. También reflexiona sobre el contacto cultural con los “simples” -en referencia a la sociedad civil o aquellos que denominan estratos subalternos- que son los que construyen un sentido común que sea capaz de mantener sus propios pensamientos individuales pero que conecte con la coherencia de transformación en una colectividad.
Lo anterior es
algo que en Gramsci se identifica como un sello en sus obras: la continua
insistencia de la transformación de la sociedad. Esto tiene su explicación en
la teoría marxista por la que era guiado y manifestaba que esta teoría aplicada
lograría una nueva forma de convivir, una transformación y creación de una
nueva cultura. También deja la puerta abierta a preguntas como ¿en quiénes
crean esas conciencias y esas nuevas concepciones del mundo? Pues en una
sociedad determinada y a lo que teóricos marxistas denominan las “masas”. La
hegemonía, pues, se caracteriza por influir en la estructura económica, social
y política, y sin dejar de lado la influencia cultural. Se reflexiona por tanto
que la hegemonía tiene su aplicación en la vida cotidiana como el sentido común
que orienta a las personas a actuar y pensar de determinada forma.
Es válido
cuestionarse la posibilidad que grupos de hombres y mujeres podrían identificar
las fuerzas hegemónicas de la que son parte y cómo se relacionan con la
conciencia política. Gramsci (1971) lo plantea así:
La comprensión
crítica de sí mismo se logra a través de una lucha de "hegemonías"
políticas, de direcciones contrastantes, primero en el campo de la ética, luego
en el de la política, para arribar finalmente a una elaboración superior de la
propia concepción de la realidad. La conciencia de formar parte de una
determinada fuerza hegemónica (esto es, la conciencia política) es la primera
fase para una ulterior y progresiva autoconciencia, en la cual teoría y
práctica se unen finalmente (p. 16).
Gramsci deja claro
dos cosas: Primero, se habla la pluralidad de la hegemonía que se encuentran en
disputa por, quienes él caracteriza como “masas”, hombres y mujeres de la
sociedad, y que cada uno pasa a ser consciente o no de la fuerza hegemónica de
la que forma parte; segundo, aparece nuevamente su señalamiento a la filosofía
y praxis del ejercicio político, al referirse que ese ejercicio de la
autoconciencia es un punto de coincidencia para la transformación práctica de
la realidad.
Además, el
italiano esclarece continuamente en sus análisis de no caer en el “mecanicismo”
en las elaboraciones conceptuales y filosóficas que tengan que ver con la
unificación entre la teoría y práctica, si no verlo como un “devenir histórico”
(Gramsci, 1971, p. 17). Es decir, practicar en ejercicio político que hace un
llamado a analizar la globalidad de un fenómeno o situación. Eso mismo aplica
con las fuerzas en disputa que se menciona, es procurar analizarlo sin
polaridades.
Llama la atención la insistencia de Gramsci (1971) que este proceso de reforma intelectual y moral debe estar guiado por quienes se dedican precisamente a la intelectualidad. Sin embargo, debe buscar un progreso intelectual de masas y no solo de pequeños grupos para no limitar la actividad científica y que el sentido común no quede en sus “estímulos más primitivos” sino conducirlo a una “concepción superior de la vida” (p13).
Definitivamente Gramsci veía el involucramiento de las masas como una parte clave para esa reforma intelectual y moral. Además, cabe destacar que el autor también hacía reflexiones teóricas para el quehacer de los partidos políticos en su función histórica, y cómo debía ser la relación entre dirigentes y masas, así como de las tareas de la actividad científica entre otros temas que también rescatan el aporte teórico de Antonio Gramsci. Por ello, continuamente los relaciona con el término de hegemonía y cultura, ya que, para perseguir esos objetivos políticos y sociales, los términos estudiados en este ensayo no están desconectados.
Está caracterizado
por una combinación de la fuerza y del consenso que se equilibran, sin que la
fuerza supere demasiado al consenso, sino que más bien aparezca apoyada por el
consenso de la mayoría expresado por los llamados órganos de la opinión pública
(p. 124).
Esto proporciona otras
categorías de análisis para la comprensión de hegemonía: el consenso y la
fuerza. Generalmente el consenso se interpreta desde una connotación de
voluntad u conformidad, y la fuerza se relaciona como dominio represivo u armamentístico
o fuerzas policiales, etc. Un análisis aplicado de lo anterior, es la invasión
y colonización de América, en el cual se encuentra un peso importante del componente
ideológico en el proceso de la imposición de determinadas concepciones del
mundo (relacionada a la monarquía, la iglesia, explotación de materiales,
etc.) sobre las poblaciones originarias.
Siendo este suceso el ejemplo de una hegemonía de dominación y conquista por la
fuerza, con la aplicación de aparatos de represión caracterizados en su tiempo
como los avances en la pólvora y metalurgia en el campo de dominio de
territorios y guerra.
¿Pero qué ejemplo
puede haber sobre el consenso y que quede evidenciada la característica de “voluntario”?
La Iglesia y la religión. Por consenso institucional y de la feligresía no se
oponen a la manera de ver y analizar la realidad desde su religión. Sin
embargo, esta institución a través de su historia ha aplicado una hegemonía de
su filosofía a los creyentes en ambas vías, por consenso como ya se explicó, a
través del poder que representa en una sociedad y el significado simbólico que
tiene en determinadas poblaciones el pertenecer a una iglesia, principalmente
la católica. Y no se puede evitar pensar en la historia cruenta de la iglesia
al expandir su religión con vestigios de sangre, tortura y explotación humana,
como el caso mismo de la invasión y colonia, así como la inquisición en Europa.
Gramsci y cultura
Interiorizar el
concepto de hegemonía es fundamental para entender cómo la cultura – una
dimensión simbólica en disputa y en constante reconstrucción – se determina por
condiciones de una región específica que sean estructurales, llámese
económicas, políticas y sociales. Cada ser humano, en el proceso de la vida
misma, va adquiriendo conciencia del entorno del que forma parte, de la manera
en cómo se vive y percibe la realidad que lo rodea. En fin, lo que se ha
denominado forma o estilo de vida como sinónimo de cultura.
Pulido Chaves
(2021) en conjunto con CLACSO aportan al proceso de dimensión y comprensión del
término cultura basándose en los conceptos que proporciona
Gramsci. Por lo tanto, expresa que es:
Sobresale
nuevamente el llamado de Gramsci a la autoconciencia de hombres – y mujeres – y
agrega otros componentes como organización o función en la vida
que podría interpretarse en el plano de la acción/práctica, principalmente
cuando alude a sus derechos y deberes. De alguna manera está involucrando el
papel de individuos en una estructura como es la sociedad, una comunidad o una institución,
etc. Incluso podría vincularse sobre las mediaciones existentes para una
expresión cultural. Ciertamente Gruppi (1978) también aporta a la comprensión
de hegemonía-cultura al confirmar que: “La hegemonía se realiza en tanto esta
identifica las mediaciones, las coaliciones con otras fuerzas sociales,
encuentra también relaciones culturales, establece contacto y un cotejo cultura
y hace valer las posiciones propias en el campo cultural” (p. 87).
Si se tiene clara
la relación sobre que la hegemonía se reproduce a través de una superestructura
–entendiéndolo como un campo ideológico– es inherente hablar de los mecanismos
que tiene esta como la educación, la religión, medios de comunicación y otras
maneras de establecer interacciones sociales y compartir esas ideas que
fortalecen el aparato hegemónico. A través de estos canales se naturaliza una
construcción cultural basada en una clase hegemónica.
Gramsci (1971) se
refiere que para hacer una nueva cultura es necesario difundir verdades y
socializarlas – ampliarlas u extenderlas – y “convertirlas en base de acciones
vitales, en elemento de orden intelectual y moral” (p. 9). También, el italiano
aprovecha para profundizar la reflexión que es mejor que una nueva verdad
-interpretándose como una nueva cultura- sea patrimonio para que la masa de
hombres sea llevada a pensar coherentemente la realidad de su presente, y no
que quede como patrimonio en los intelectuales y sus pequeños grupos.
Por lo tanto, la
cultura denota la característica de ser construida por quienes la viven, que
sea una práctica diaria y no premeditada para que se vuelva un aspecto cultural
en el sentido común de un determinado grupo social. La cultura con sus
múltiples expresiones, por el paso de la historia, se ha afirmado que mantuvo
el carácter de ser patrimonio de intelectuales, sobre eso Gruppi (1978)
retoma un análisis de Gramsci que analiza del contexto italiano mencionando
que:
La única forma de arte y cultura que, según Gramsci, asumió la función nacional y popular, que ha llegado profundamente a los sectores y los ha vinculado a ciertos conceptos del bien y del mal, del compromiso civil, etcétera, ha sido el melodrama, la ópera (p. 117).
A raíz de eso, se
interpreta que la cultura debe tener una función nacional y popular,
entendiendo este concepto como una asimilación en las clases subalternas para
vincular un valor a alguna acción; por ejemplo, en Italia se vinculó los sentimientos
cívicos en el melodrama y la ópera. En la actualidad, se ejemplifica en
diversos países que, con su propio folclore, ritmos, representaciones artísticas
públicas, etc. se está cimentando una “cultura nacional”. No es difícil de ilustrar
cómo la humanidad tiende a ensalzar los valores cívicos - tras la conformación
de los Estados-Naciones como forma política de organización- a símbolos que
buscan la cohesión y unificación de sus individuos. Otro ejemplo podrían ser las
canciones emblemáticas de cada región y los tipos de danzas específicas que se
ha venido asimilando como parte de la concepción de cultura. Así se cumple con lo que Gramsci (1978) afirma
que la reforma intelectual y moral, o sea hegemonía, debe fundirse en las
mentalidades de todos los estratos de las clases subalternas (p. 118).
Por mencionar a la
región mesoamericana y destacar los ritos vinculados a la cultura de pueblos
originarios que prevalecen y coexisten en varias regiones tales como Guatemala,
Honduras, México y El Salvador. Es decir, en estas regiones se ha logrado
identificar valores como el respeto o agradecimiento en símbolos específicos, que
algunas de ellas tienen su explicación en el sincretismo religioso por el que
atravesó el continente. Siendo así un claro ejemplo de cómo el sentido común y
las estructuras mentales tuvieron una transformación a nivel simbólico de
quienes habitaban el continente incluso marcando la mentalidad de la
descendencia de estos.
Relación
lenguaje - sentido común - cultura
Según Gramsci
(1971) considera que al emplear el lenguaje es hacer filosofía espontánea porque
es propio de “todo el mundo” y que el lenguaje es “un
conjunto de nociones y conceptos determinados y no simplemente de palabras
vaciadas en contenido” (p. 7). Con esto, el autor introduce la posibilidad que
las personas realicen cuestionamientos a estructuras, que se tenga la
posibilidad de analizar e interpretar el mundo porque se tiene la capacidad
dada desde una de las más naturales del ser humano: el habla y el lenguaje.
Para realizar este
análisis Gramsci (1971) profundiza que el sentido común sobrepasa una
elaboración individual de conceptos, e invita a verlo como “la lucha
cultural por transformar la mentalidad popular y difundir las innovaciones
filosóficas” entre ellas claramente el lenguaje y el idioma (p. 30). En la misma obra se brinda su primer
acercamiento al término lenguaje al afirmar que:
Me parece que se puede decir que “lenguaje” es
esencialmente un nombre colectivo que no supone una cosa única ni en el espacio
ni en el tiempo. Lenguaje significa también cultura y filosofía y, por lo
tanto, el hecho “lenguaje” es en realidad una multiplicidad de hechos más o
menos orgánicamente coherentes y coordinados. Llevando al límite se puede decir
que cada parlante tiene su propio lenguaje, esto es, un modo propio de pensar y
de sentir (Gramsci, 1971, p. 31).
Esto esclarece
definitivamente la vinculación de sentido común y lenguaje porque cada
individuo tiene su propia mentalidad que es expresada a través del lenguaje e
incluso de cómo se vive y, por ende, hace referencia a los agrupamientos de
personas que se dan alrededor de un habla que estimulan una especie de un “terreno
común cultural” donde se pueda tener un lenguaje común, incluso, modos comunes
de razonar (Gramsci, 1975).
Este análisis abre
la puerta al cuestionamiento sobre cómo se está interpretando el lenguaje en la
actualidad, es decir, se dimensiona que el lenguaje es como un camino dentro de
este terreno común cultural y que este sea una forma para influir las estructuras
mentales y, por consecuencia, del sentido común. Esto podría incluso ser
analizado por la lucha política de la resignificación del lenguaje, por
ejemplo, en el uso del lenguaje inclusivo, o anexión de palabras de un
ecosistema digital que es naturalizado y expresado como si hubiesen tenido el
carácter de inherencia a través del tiempo.
Como se debe suponer, no se puede ni debe separar
la idea que todo sistema cultural tiene como pieza fundamental el lenguaje. Al
fin y al cabo, el lenguaje nombra, califica, normativiza y valora las cosas y
las relaciones entre hombres y mujeres; por lo tanto, transformar el sentido
común, es también transformar el lenguaje (Gramsci citado por Paoli, 1984).
¿Qué reflexión haría Gramsci en los tiempos de la era digital?
Sin duda, el
ejercicio de sintetizar y reflexionar sobre postulados de Gramsci en estos
temas provoca reflexiones de diversa índole y revela muchas otras
posibilidades para seguir explorando. Es realmente cautivante tratar de
entender el análisis de Gramsci, así como dimensionar la capacidad analítica y
su forma de ver el mundo, y más importante, su llamado continuo a la
transformación de este. El ensayo no pretende contestar qué diría Gramsci en un
contexto digitalizado -donde el propio capitalismo ha adquirido otras
características que Gramsci no logró ver- sin embargo, estudiarlo como un autor
que brindó aportes desde condiciones específicas en un tiempo y espacio
determinado puede brindar luces a quienes estudian comunicación y cultura
teniendo así un reto de seguir innovando en teorías que sigan rescatando el
aporte de Antonio Gramsci.
Finalmente, aquella sentencia conocida del juez que lo mandó a prisión con el argumento de “impedir que ese cerebro siguiera funcionando” fue una acción en la que queda demostrada que el ingenio de intelectuales del nivel de Gramsci no puede ser detenido porque siempre encuentra maneras de brotar y perdurar. Por tanto, es que su legado sigue teniendo influencias en la manera cómo se piensan la relación comunicación-cultura (Schmucler, 2008, p.501).
Referencias
Gramsci,
A. (1971). El Materialismo Histórico y la Filosofía de Benedetto Croce. Argentina.
Ediciones Nueva Visión S.A.I.C (Traducción Isidoro Flambaun). https://creandopueblo.files.wordpress.com/2011/08/gramsci-elmaterialismohistorico.pdf
Gramsci, A. (1975). Cuadernos de la Cárcel. Turín.
Ediciones Era (Trad. Ana María Palos). https://kmarx.files.wordpress.com/2012/06/gramsci-antonio-cuadernos-de-la-cc3a1rcel-vol-1.pdf
Gruppi, L. (1978). El concepto de
hegemonía en Gramsci. México. Ediciones de cultura popular.
Infoamérica. (s. f.). Antonio Gramsci.
https://www.infoamerica.org/teoria/gramsci1.htm
Paoli, A. (1984). La
lingüística en Gramsci. México. Editora PREMIA. http://www.comunicacion4.com.ar/archivos/PAOLI-LaLiguisticaEnGramsci.pdf
Pulido Chaves, O. (2021) Hegemonía,
cultura y educación: introducción a las estructuras culturales disipativas.
México. CLACSO. http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/se/20210805020644/Hegemonia-Pulido-Chaves.pdf
Schmucler,
H. (2008). Comunicación, cultura y desarrollo. En A. Gumucio-Dagron y T. Tuffe.
(comp). Antología de comunicación para el cambio social: lecturas históricas
y contemporáneas. Consorcio de Comunicación para el Cambio Social.






