Por Ivonne M. Rodríguez Diaz
Desde principios del mes de julio del 2022, Panamá ha vivido una coyuntura interesante en términos de movilización y protesta social. Desde el derrocamiento de la dictadura militar de Manuel Antonio Noriega en 1989, que se dio tras la invasión militar estadounidense y que significó la desestabilización del sistema bancario nacional y la consolidación de la entrada en vigencia del neoliberalismo a través de los paquetes de rescate económico; el país no se vio sumergido en una crisis social de las proporciones actuales.
El alto costo del combustible, la canasta básica, los medicamentos y la electricidad, así como, el mal estado de los planteles educativos y la corrupción, fueron los temas que llevaron a las organizaciones sociales a paralizar el país. Empezando por los maestros del interior del país -luego por los educadores a nivel nacional- y que fueron acuerpados posteriormente por sindicatos, estudiantes, indígenas, centrales de trabajadores organizados, gremios médicos, etc.
Para el politólogo Harry Brown hay una acumulación de demandas insatisfechas que es lo que ha originado las protestas (Swissinfo, 2022), primordialmente vinculadas al manejo de la pandemia por parte de la administración del presidente Laurentino Cortizo, el aumento de la tasa del desempleo al 10%, y del endeudamiento público para pagar planilla del Estado y no en proyectos de inversión y dinamización económica, así como los distintos escándalos de corrupción del actual gobierno. "El estallido social está fuertemente condicionado por la crisis estructural, tanto del modelo de crecimiento sin desarrollo como por un orden político de privilegios altamente concentrado en recursos y en decisiones" (Adames, Swissinfo, 2022). Este estallido paralizó al país por más de quince días y llevó al gobierno a aceptar la recomendación de la iglesia católica de instaurar una mesa de diálogo con los sectores en protesta.
En estas condiciones, se conformó el 21 de julio la mesa de diálogo con representantes de gobierno y organizaciones sociales aglutinadas en las Alianzas Pueblo Unido por la Vida, la Alianza Nacional por los Derechos del Pueblo Organizado (Anadepo), y los grupos organizados de la Comarca Ngäbe-Buglé; y que sería transmitido en directo a través del Sistema Estatal de Radio y Televisión (SERTV) como condición de los manifestantes.
El debate televisado que se ha suscitado en el último mes en la mesa de diálogo en torno al alto costo de la vida, destinar 6% del PIB a educación y la corrupción, llevó a poner en el tapete cuestionamientos sobre el modelo económico y esto a su vez, evidenció los choques entre las posturas del gobierno, las organizaciones sociales y el sector empresarial al respecto. A raíz de estas discusiones surgen dos conceptos, que por encima podrían parecer lo mismo, pero, que sus usos y reivindicaciones nos indican que no. Estos conceptos son “ciudadanía” y “pueblo”. Mientras los movimientos sociales aglutinados en la Alianza Pueblo Unido por la Vida, Anadepo e indígenas, se refieren a las demandas del “pueblo”, en los medios de comunicación y el sector empresarial se habla de la “ciudadanía”, y sus demandas. Las preguntas inmediatas que surgen son ¿hablamos de lo mismo cuando nos referimos al pueblo y la ciudadanía? ¿Sus demandas son las mismas o varían dependiendo de quién las medie? Para efectos de este ensayo se analizarán las entrevistas a los líderes sociales y comentarios vertidos por los periodistas, Fernando Del Rincón de CNN en español y Sabrina Bacal de Televisora Nacional en Panamá (TVN), en el periodo de tiempo del 10 al 25 de julio del 2022 sobre las protestas suscitadas.
Mediación y hegemonía
Para comenzar a responder las preguntas anteriores, se encuadrará el análisis en dos conceptos centrales que interactúan con los de “pueblo” y “ciudadanía”, a saber: hegemonía y mediaciones. En el caso de la hegemonía se utilizará como punto de partida las definiciones que nos dan Martín Barbero (1987) y García Canclini (2004). Para las mediaciones partiremos de la conceptualización que hace Martín Barbero (1987) en su libro De los medios a las mediaciones: Comunicación, cultura y hegemonía'. Estos encuadres permitirán, por un lado, visibilizar ¿cómo a partir de las mediaciones que hacen los medios masivos de información se hace una distinción entre ciudadanía y pueblo? y ¿cómo el discurso hegemónico valida o invalida las demandas y necesidades de cada una de esas categorías?
Los primeros días de julio, cuando recién iniciaban las protestas, todo lo que se conocía sobre las mismas se daba a través de los medios de información tradicional o las redes sociales de las organizaciones en lucha. La narrativa era controlada por los medios de comunicación masiva. En el caso particular de la periodista de TVN, Sabrina Bacal, desde la plataforma del programa Radar, parecía legitimar las protestas e indicaba que eran una reacción a la desconexión del gobierno con la realidad, las necesidades insatisfechas de las mayorías, la pérdida de la confianza y los millones regalados en tiempos de necesidad (Bacal, 2022, s22).
No dudo que haya líderes políticos pescando en río revuelto, pero esa explicación también es insuficiente para señalar la raíz del problema: un descontento ciudadano acumulado durante varios meses y un gobierno desconectado de la realidad” (Bacal, 2022, s:44). Por su lado, el líder sindical y miembro de la Alianza Pueblo Unido por la Vida, Saúl Méndez, en entrevista con CNN en español destaca que la demanda del pueblo panameño es justicia social. Panamá está desde la base, desde el pueblo, desde la democracia directa, reclamando justicia y crear un país de oportunidades para todos y ese tema es esencialmente necesario discutirlo en el momento en el que vive la patria y en el momento en el que el pueblo se levanta contra la injusticia, contra los corruptos y la corrupción, y la mala calidad de vida que tiene hoy día. (Asamblea Replay, 2022, m13s19).
Bacal y Méndez introducen a dos sujetos políticos: el pueblo y la ciudadanía, y pareciera que, aunque son dos sujetos distintos, tanto el pueblo como la ciudadanía demandan lo mismo: un cambio. Pareciera en ese punto de las mediaciones que existe un consenso entre las organizaciones sociales y los medios de comunicación sobre las razones que desataron la protesta social: la injusticia y el desgaste político. Esto encaja perfectamente con cómo Martín Barbero define la hegemonía, no como un proceso de dominación absoluta e impositiva sino como un proceso, un intercambio, en el que se construye la representación social entre diversos actores sociales.
Martín Barbero (1987) define la dominación social ya no como imposición desde un exterior y sin sujetos, sino como un proceso en el que una clase hegemoniza en la medida en que representa intereses que también reconocen de alguna manera como suyos las clases subalternas. “Y ‘en la medida’ significa aquí que no hay hegemonía, sino que ella se hace y deshace, se rehace permanentemente en un "proceso vivido", hecho no sólo de fuerza sino también de sentido, de apropiación del sentido por el poder, de seducción y de complicidad” (p. 85).
Esto es reforzado por García Canclini (2004) quien entiende la hegemonía como un proceso de dirección política e ideológica en el que una clase o sector logra una apropiación preferencial de las instancias de poder en alianza con otras clases. Sin embargo, García Canclini va más allá cuando en su definición y establece que esta alianza “admite espacios donde los grupos subalternos desarrollan prácticas independientes y no siempre funcionales para la reproducción del sistema” (p. 158).
Esto es precisamente lo que ocurre en este caso de estudio. Tanto CNN como TVN no solo definen a sus propios sujetos políticos -ciudadanía- sino que también validan las reivindicaciones de este grupo y median la deslegitimación de las reivindicaciones de las organizaciones sociales de la mesa del diálogo, a pesar de abrirles, de manera ocasional, espacios de entrevistas para que planteen sus puntos de vista.
Cuando los ciudadanos panameños estamos haciendo ajustes a nuestra economía, cuando no podemos pagar muchas veces, por ejemplo, la escuela privada porque ya los recursos no dan porque ha aumentado el costo de vida y tú ves a los diputados panameños celebran con whiskey de $400, cuando tú ves estos mensajes es cuando entiendes por qué el ciudadano está molesto tanto con el gobierno central y los diputados. (Asamblea Replay, 2022, m33s19).
Como se ha evidenciado “pueblo” y “ciudadanía” no son grupos con las mismas demandas. Son conceptos mediados, por un lado, por los medios de información masiva y hegemónicos, y también por los propios movimientos sociales. Los movimientos sociales, en especial aquellos que se definen a sí mismos como marxistas, también ejercen una mediación sobre el concepto pueblo. Martín Barbero (1987) bien lo explica cuando dice que los marxistas politizan el concepto pueblo al establecer una relación directa de éste con su rol en el plano de las relaciones de producción (p. 26). En palabras de Méndez, “el pueblo tiene derecho a discutir políticas económicas, el pueblo tiene derecho a discutir y tomar las riendas de su propio destino, de hacer una democracia donde se participe, de hacer un democratización de la riqueza” (Asamblea Replay, 2022, m14s32).
Consensos y resistencias
La condición de las organizaciones sociales sentadas en la mesa de diálogo por Panamá (Alianza Pueblo Unido por la Vida, Anadepo y grupos organizados de la Comarca Gnäbe-Buglé) de transmitir en directo los debates que allí se dirimen en los medios de comunicación estatal y sus redes sociales, ha permitido a la población panameña tener acceso a la información en tiempo real y ha ampliado el debate a otros espacios más allá de los programas de opinión. Como explica Martín Barbero (1987), “el campo de las mediaciones se halla constituido por los dispositivos a través de los cuales la hegemonía transforma desde dentro el sentido del trabajo y la vida de la comunidad'' (p. 207). Se ha logrado extender el campo de las mediaciones a otros espacios fuera de los medios de información tradicional y se les quitó el control absoluto de la narrativa. En consecuencia, se ha generado una nueva lucha entre los sectores de poder y quienes se le oponen en el plano comunicacional y es que, mientras se esperaba que el gobierno y las organizaciones sociales debatirían estrictamente sobre el alto costo de la vida, educación y la corrupción, las alianzas allí representadas han centrado el debate en el problema de fondo: la crítica al modelo económico.
Este cuestionamiento del modelo económico en Panamá ha encendido las alertas del sector empresarial -quien no tiene representación en la mesa y que no se opuso a eso en un principio- y quien ha empezado a desarrollar una serie de acciones de comunicación intensivas (conferencias de prensa, participación en programas y espacios de opinión, etc.), de manera directa o indirecta a través de periodistas, para retomar el control de la narrativa e indicar que el problema de fondo es la corrupción y no el modelo, al mismo tiempo que buscan alertar sobre los grupos que quieren hacer de Panamá una nación socialista.
“No es claro si estamos viendo el comienzo del fin de esta grave crisis nacional. Hay una mesa única del diálogo que corre el riesgo de abarcar demasiados temas y polarizar aún más a la opinión pública con debates filosóficos que, aunque son necesarios, no abordan la implementación de las medidas urgentes que requieren para que se dejen de malgastar los recursos de todos y se mejore la calidad de vida de los ciudadanos más afectados por la emergencia socioeconómica” (Bacal, 2022, s30).
Esta postura es un claro ejemplo de lo que Martín Barbero (1987) definió con la resolución tecnocrática de lo político, es decir, se prescinde del debate público y se delega esa función a los expertos técnicos para que definan el futuro del país. “La tendencia es entonces a dejar sin sentido las contradicciones por considerarlas no como expresiones de conflictos, sino como residuos de ambigüedad. Nos hallamos ante una racionalidad que disuelve "lo político". Pues lo político es justamente la asunción de la opacidad de lo social en cuanto realidad conflictiva y cambiante, asunción que se realiza a través del incremento de la red de mediaciones y de la lucha por la construcción del sentido de la convivencia social” (p. 224).
La preocupación de los sectores de poder va en función de haber admitido, para decirlo en términos de García Canclini, o dado demasiado espacio a los sectores opuestos para disputar el discurso hegemónico sobre el poder y lo que necesita el país en concreto. El periodista de CNN, Fernando del Rincón, posterior a una entrevista a la representante del Movimiento Independiente de Panamá (MOVIN), Anette Planells, concluyó que se debía prestar especial atención a lo que ocurría en Panamá. “Esto que está pasando abre la puerta o es la oportunidad para esa izquierda radical latinoamericana, para meterse en el medio y allí es donde también hay que preocuparse. Y ese tema hay que hablarlo, traerlo a la mesa” (Asamblea Replay, 2022, m34s19).
Méndez (2022) por su parte afirma que han sido 32 años de democracia en la que el contubernio del poder económico y político han sometido a las personas a las peores condiciones de vida y que la población panameña ha sido realmente paciente en esperar cambios:
Lo que hoy reclama el pueblo panameño es justicia social porque los empresarios especulan con los precios de forma brutal, incrementan los precios de los medicamentos, los alimentos, la electricidad y ahora el combustible de forma indiscriminada y esta vez han ido arrinconando al pueblo panameño en las condiciones que nos encontramos. (m7s48).
En la sociedad panameña parece que existe un consenso entre ciertos sectores de poder político-económico y las organizaciones sociales y ese consenso gira en torno a que algo tiene que cambiar. La política tradicional está desprestigiada, la corrupción y la desigualdad es muy profunda, y el futuro político es muy incierto. Sin embargo, existe un disenso enorme entre el “pueblo” y la “ciudadanía” y es que no se ponen de acuerdo en qué es lo que tiene que cambiar ¿debe cambiar el modelo económico o la forma de gobernar? Esta falta de consenso entre los sectores de poder y los movimientos sociales es la que establece la permanencia de la resistencia del “pueblo”.
Mientras los sectores empresariales y la ciudadanía, entendida como aquellos grupos que se identifican con lo culto, con lo pacífico y el libre mercado, reivindican que el problema es la forma corrupta de gobernar y que se debe procurar un libre mercado real, los movimientos sociales de la mesa del diálogo insisten que lo que tiene que cambiar es el modelo económico porque la corrupción es solo un problema más que se desprende del mismo. En este debate, es necesario traer a colación a García Canclini (2004) que afirma que no debe pensarse la masa como sumisa, que se deja ilusionar siempre sobre lo que quiere y que, en la medida que admitamos que su dependencia deriva, en parte, de que encuentra en la acción hegemónica cierta utilidad para sus necesidades, ellas prestan su consenso, concediendo a la hegemonía una cierta legitimidad (p. 160).
En el medio de esta disputa entre sectores de poder y las organizaciones sociales en resistencia, se encuentra una población que empieza a polarizarse entre si el problema recae sobre la corrupción o el sistema. Quienes abogan por el libre mercado toman como bandera la lucha frontal contra la corrupción, mientras que quienes denuncian los problemas sistémicos retoman la consigna del cambio del modelo.
No se habla de lo mismo cuando nos referimos al pueblo y la ciudadanía al menos en el contexto del estallido social en Panamá. Ambos conceptos están cargados de elementos ideológicos y están mediados por sectores que tienen intereses y reivindicaciones particulares, por eso, tampoco demandan lo mismo. Las demandas están determinadas no sólo por los intereses de los grupos sino también por las necesidades y aspiraciones que busca satisfacer la población panameña en lo cotidiano de la vida.
Pueblo y ciudadanía podrían considerarse de esta manera como una lucha de clases en el campo de la semántica o desde la perspectiva de los estudios culturales, una lucha por la hegemonía. Es decir, por “la puesta en marcha de un dispositivo de reconocimiento y la operación de expropiación” (Martín Barbero, 1987, p. 88).
Referencias
Asamblea Replay. (2022, 19 de julio). Entrevista de CNN sobre Protestas en Panamá [video]. Youtube. https://www.youtube.com/watch?v=QXe-rSpwLC4&t=830s
__ (2022, 20 de julio). Entrevista de CNN al Gobierno de Panamá y MOVIN sobre Protestas en Panamá [video]. Youtube. https://www.youtube.com/watch?v=JrwPjTofBUo&t=4s
Bacal, S. [@sabribacal]. (2002, 10 de julio). Mis conclusiones de #RadarTVN….El despilfarro, las botellas, los millones regalados en tiempos de necesidad y la desconexión con la realidad [video]. Instagram. https://www.instagram.com/p/Cf1otGtjaI7/
__ [@sabribacal]. (2002, 24 de julio). Mi conclusión en #RadarTVN: No es claro si estamos viendo el comienzo del fin de esta grave crisis nacional. Hay una [video]. Instagram. https://www.instagram.com/p/CgZpy_2DfsF/
García Canclini, N. (2004). ¿De qué estamos hablando cuando hablamos de lo popular? En Culturas populares e indígenas. Diálogos en la acción, primera etapa. DGCPI. (pp.153-165).
Martín Barbero, J. ([1987] 2010). De los medios a las mediaciones: Comunicación, cultura y hegemonía. Anthropos.
Swissinfo. (2022). Alza del combustible y corrupción ponen a Panamá al borde de un estallido social https://www.swissinfo.ch/spa/alza-del-combustible-y-corrupci%C3%B3n-ponen-a-panam%C3%A1-al-borde-de-un-estallido-social/47751878
Ivonne M. Rodríguez Díaz es panameña. Estudió Periodismo en la Universidad de Panamá. Tiene un posgrado en Docencia Superior de la Universidad de Panamá y cursó estudios de Maestría en la Universidad de Costa Rica (solo un año), en la carrera de Comunicación y Desarrollo.