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jueves, 18 de agosto de 2022

Factores culturales e históricos que permitieron la participación política de las mujeres por medio de la cuota de género en elecciones

Por William Adrian Morán, Wendy Xiomara López

Este ensayo responderá a la pregunta: ¿Cómo han influido las luchas y demandas de mujeres en la inclusión dentro de espacios políticos partidarios e institucionales por medio de cuotas de participación garantizada en las elecciones de El Salvador? Para ello es importante analizar dos momentos históricos y trascendentales:

• La autoproclamación de Prudencia Ayala como presidenta de la República en 1930, en un contexto en el que las mujeres no tenían derecho al sufragio.

• La conquista del derecho al voto para todas las personas sin restricción en 1950.

Ambos hechos históricos y su influencia en la garantía por la cuota de participación de género analizados desde las teorías y reflexiones de Jesús Martín Barbero a partir del segundo capítulo de su libro De los medios a las mediaciones: Comunicación, cultura y hegemonía; y Néstor García Canclini según sus consideraciones sobre la importancia, consolidación e incidencia de los movimientos populares en su análisis: ¿De qué estamos hablando cuando hablamos de lo popular?. También se ha tomado a bien analizar estudios académicos y de organizaciones y entidades nacionales e internacionales que refuerzan la argumentación para el objeto de investigación.

Normativas internacionales para garantizar la participación política de las mujeres

La participación política y en cargos de toma de decisión es un derecho de todas las y los ciudadanos de un país; con la garantía de acceder a cargos públicos en igualdad de condiciones. Este derecho ha sido establecido y ratificado en diferentes tratados y normativas a nivel internacional que mandata a los Estados a cumplir con dichos acuerdos; de los cuales El Salvador es firmante, y, por lo tanto, adopta el compromiso de cumplir con los estatutos. Por ejemplo, la Declaración Universal de los Derechos Humanos proclamada por la Organización de las Naciones Unidas en 1948, ratifica en su Artículo 21: “Toda persona tiene derecho a participar en el gobierno de su país, directamente o por medio de representantes libremente escogidos” (Organización de las Naciones Unidas [ONU], 1948). Con lo cual se reconoce la participación en espacios de poder dentro del ámbito gubernamental, sin discriminación ni exclusión; reconociendo a toda persona como sujeta de derecho para optar por cargos de elección popular. De igual manera, en el mismo Artículo se reconoce: “Todas las personas tienen el derecho de acceso, en condiciones de igualdad, a las funciones públicas de su país” (ONU, 1948), con lo cual se reconoce la necesidad de garantizar equidad de condiciones para hombres y mujeres para la participación en espacios públicos. De igual manera, en tratados más recientes como la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (Belem Do Pará), entrada en vigor en 1995, en su Artículo 4 destaca la participación política de las mujeres como un derecho humano, la cual comprende “el derecho a tener igualdad de acceso a las funciones públicas de su país y a participar en los asuntos públicos, incluyendo la toma de decisiones” (Organización de los Estados Americanos [OEA], 1994).

A pesar de las ratificaciones y tratados de los cuales El Salvador es parte, las mujeres han enfrentado diversos obstáculos para acceder a puestos de poder. La historia de nuestro país se ha visto arraigada por factores culturales conservadores y misóginos, que han establecido y reproducido roles y estereotipos de género: la mujer sumisa, encargada de las tareas de cuidado, bienestar de la familia y responsable de la educación de los hijos e hijas; lo cual contribuía a la “invisibilización y por tanto a la ausencia de las mujeres como sujetos históricos en los procesos de reforma social, de construcción de la nación, del desarrollo y del mantenimiento del orden social” (Fundación Nacional para el Desarrollo [FUNDE], 2014, p. 3).

La capacidad y potencial de las mujeres para resolver y mediar en asuntos públicos y de representación política ha quedado demostrado en años recientes, no solo en El Salvador, sino también en experiencias de otros países de Latinoamérica como Chile, Argentina, Bolivia; y a nivel de Centroamérica, Costa Rica y recientemente Honduras con la primera mujer elegida presidenta. Logros obtenidos no de manera automática, sino como producto de luchas, movimientos, demandas e incidencias sociales e históricas, sobre todo contra formas hegemónicas patriarcales de poder y gobernanza; y por la garantía de participación y representación de las mujeres en espacios públicos. En cuanto a esta reflexión, en la segunda parte del libro “Transformación de los modos del saber”, Martín Barbero (1987) hace referencia al potencial y “conocimientos de las mujeres, y la posible amenaza que significaba para figuras como clérigos, jueces civiles, hombres ricos y cultos” (pp. 101-108); reflexión que permite comparar la discriminación, bloqueo y exclusión que ha predominado en la política salvadoreña sobre los espacios de poder para las mujeres, y es que en la actualidad se expresa como una forma de hostilidad, “la presencia femenina molesta a quienes toman las decisiones en los espacios políticos” (Herrera, 2020, citado en Ponce y Cruz, 2020).

A pesar de la cultura patriarcal que ha predominado, en nuestro país también hubo antecedentes históricos importantes de mujeres lideresas, movimientos disidentes y luchas sociales organizadas por mujeres, en busca de garantizar mejores condiciones de vida, oportunidades de representación y reconocimiento de sus derechos; así como por ser reconocidas e incluidas dentro de espacios de poder. Pero los hechos históricos que dan pie a incursionar sobre la necesidad y visibilización de la participación sociopolítica de las mujeres en El Salvador son dos específicamente: la autoproclamación de Prudencia Ayala como candidata a la presidencia de la República en 1930, y la obtención del voto femenino en 1950.

Prudencia Ayala, la primera mujer candidata a la presidencia de El Salvador

Prudencia Ayala es considerada la primera mujer que logró desestabilizar un sistema patriarcal y excluyente, basando su candidatura en aperturas políticas dentro de la Constitución creada en 1886, ya que la misma “no negaba de manera explícita los derechos de las mujeres” (Candelaria Navas, 2018, p. 71), sino que el término salvadoreño “amparaba a todos aquellos que ostentaban esa nacionalidad, y por tanto, siendo ella mujer nacida en territorio salvadoreño estaba implícitamente involucrada en esa acepción” (Candelaria Navas, 2018, p. 71). Entre las acciones de trascendencia política de Ayala se encuentra el poner en la agenda pública de la época el reconocimiento del voto femenino. Su candidatura no logró avanzar por “argumentos de tipo procesal, sin que la Corte Suprema emitiera un fallo en torno a esa pretensión” (Cáceres Prendes, 1993, p. 42). Es a partir de este hecho, que comienza a haber una creciente demanda por parte de las mujeres para optar por el derecho al sufragio. Esta presión social tuvo frutos dentro del plano legislativo, y es así que en 1938 la Asamblea Legislativa reconoció el derecho al voto de las mujeres, pero solamente a las casadas mayores de 25 años que presentaran “su acta matrimonial [...] las solteras debían tener más de 21 años y un título profesional o ser mayores de 30 años y poseedoras, al menos, del certificado de sexto grado de escolaridad” (Cañas Dinarte, 2004), es decir, el derecho al sufragio estaba permitido solamente para aquellas mujeres que cumplían con el rol de amas de casa o contaban con un nivel de educación superior.

Museo de la Palabra y la Imagen. (2017). Dibujos animados sobre la vida y obra de Prudencia Ayala, pionera en la lucha por los derechos femeninos en El Salvador. [Animación]. Youtube. https://www.youtube.com/watch?v=7Zqap0omZVA


Se aprueba el derecho constitucional al voto para las mujeres

20 años más tarde, en 1950 se aprueba el derecho al voto para todas las personas salvadoreñas sin restricciones, reconociendo explícitamente el derecho de las mujeres a ejercer el sufragio. Este reconocimiento de los derechos políticos para las mujeres fue considerado como “el primer eslabón en la construcción de su ciudadanía, el derecho a votar y ser votada” (Candelaria Navas, 2018, p. 73); y es así como “en 1952 una mujer logró ser elegida alcaldesa. Las primeras mujeres que ingresaron a la Asamblea Legislativa lo hicieron en 1956” (Herrera, 2015, p. 9). Estos sucesos históricos marcaron la pauta para la conformación, consolidación, luchas y reconocimientos de posteriores movimientos de mujeres y feministas en el país. Estas expresiones han significado un impulso trascendental para lograr cambios culturales, políticos y sociales, ya que históricamente los movimientos de mujeres “cuestionan conjuntamente la desigualdad en el trabajo y en la vida cotidiana” (García Canclini, 2004, p.164). Producto de los acontecimientos históricos antes mencionados; y el desarrollo e incidencia de mujeres en diferentes espacios educativos, académicos, sindicales y políticos, es cómo se ha logrado la sensibilización sobre inclusión de las mujeres en espacios de toma de decisión; y es que respecto a la organización popular y movimientos sociales (como los movimientos de mujeres y feministas), García Canclini (2004) afirma que estas formas de luchas que “hasta hace pocas décadas eran marginales y a veces invisibles dentro de la política general, como los étnicos, sexuales, regionales, urbanos, han pasado a ocupar posiciones protagónicas” (p.162).

Figura 1. Elecciones de El Salvador en 1950

Fuente: https://cdn-pro.elsalvador.com/wp-content/uploads/2019/01/Voto-femenino-015.jpg

Es un hecho que la participación política no solamente se refiere a la representación en cargos de elección popular, sino “a toda la acción que intenta transformar las reglas relacionadas con el poder [...] las mujeres hacemos luchas en otros campos que no son ni la política partidaria, ni la institucional” (Herrera, 2021, 0m47s); es decir, también se refiere al involucramiento activo, contribución y aporte a diferentes aspectos y espacios sociales, comunitarios y colectivos que permiten de cierta manera la incidencia y sensibilización en dichos espacios. Sin embargo, el presente trabajo se refiere específicamente al acceso a los espacios de participación dentro de la política institucional y legislativa. En ese sentido, producto del trabajo organizado de mujeres en la búsqueda de equidad y paridad política, se han desarrollado diferentes leyes y estatutos para garantizar y reconocer la inclusión de las mujeres puestos públicos; entre ellos tenemos:

  • Ley Especial Integral para una Vida Libre de Violencia para las Mujeres LEIV, entrada en vigencia en 2012 como fruto de estatutos internacionales como la Convención de Belem do Pará; y que en su artículo 55 sanciona el “Impedir, limitar u obstaculizar la participación de las mujeres en cualquier proceso de formación académica, participación política, inserción laboral o atención en salud”.
  • Ley de Igualdad, Equidad y Erradicación a la Discriminación hacia las Mujeres, entrada en vigencia en 2011; la cual en su artículo 23 resalta que “todas las instituciones de gobierno deberán promover y sensibilizar la participación en igualdad de oportunidades de mujeres y hombres en las posiciones y en los procesos de toma de decisiones, en especial en sus órganos de dirección”.
  • Ley de Partidos Políticos de El Salvador, publicada el 27 de febrero de 2013; la cual en su artículo 38 mandata a que los partidos políticos “deberán integrar en sus planillas para elección de diputaciones a la Asamblea Legislativa, Parlamento Centroamericano y miembros de los Concejos Municipales, al menos un 30% de participación de mujeres”; de lo cual se profundizará más adelante. 

Como se ha visto en el contexto histórico anterior, es necesario reconocer que, ante los retos para los movimientos y las organizaciones populares, predominan las “luchas contra formas de poder, represión y discriminación, principalmente en la vida cotidiana” (García Canclini, 2004, pp.162-163). Pero si bien los avances han sido considerables, y a pesar del progreso y evolución en materia de leyes y conquista de espacios sociales y políticos, todavía no se puede garantizar que existe una paridad en igualdad de participación en cargos públicos y de elección popular; es decir, las mujeres siguen siendo una minoría del 30% y en muchos casos son excluidas de cargos de jefaturas o coordinación dentro del ámbito legislativo y partidario. Ante esto, Cienfuegos Agreda (2004) plantea que “la participación política de las mujeres es uno de los derechos humanos sobre los cuales, se ha avanzado lentamente en El Salvador”. Esto debido a que en la actualidad se siguen reproduciendo estereotipos de género en los que se considera que las mujeres no son aptas para optar por cargos de toma de decisión que fomentan las brechas de desigualdad para la participación política. Un estudio realizado en 2017 por la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, en conjunto con ONU Mujeres y el Grupo Parlamentario de Mujeres de la Asamblea Legislativa, señala que dichos estereotipos sobre la imposibilidad de las mujeres a ocupar cargos de poder y la aptitud de los hombres para estar en posiciones de liderazgo debe ser un factor que las “entidades de educación superior desarrollen en líneas de investigación para analizar estas subjetividades dentro de la sociedad salvadoreña; ya que dichas ideas estereotipadas pueden incidir en un “menor respaldo a la postulación de mujeres para cargos de elección popular” (Aguilar & Guevara, 2017, pp. 126-127). 

¿Cómo está compuesta la Asamblea Legislativa?

En la actualidad los espacios de participación política ganados por la lucha de las mujeres organizadas y no organizadas han llegado hasta la Asamblea Legislativa, organismo colegiado integrado por 84 parlamentarias y parlamentarios con sus respectivos suplentes. El órgano legislativo, “según su naturaleza es un cuerpo colegiado […] le compete, fundamentalmente, la función de legislar. Sus atribuciones se encuentran establecidas en la misma Constitución” (Asamblea Legislativa de la República de El Salvador, Decreto Legislativo N° 756, Reglamento Interior de la Asamblea Legislativa, Diario Oficial N° 198, Tomo N° 369, 25 de octubre de 2005, Artículo 2).

A pesar de que jurídicamente la igualdad entre hombres y mujeres está reconocida en el Art. 3 de la Constitución de la República, como se ha mencionado antes, aún no se tiene plena paridad en los espacios de poder y representación política ya que en los diferentes períodos las mujeres han tenido una participación minoritaria en el órgano legislativo. Para las elecciones de 2003, a pesar de representar el 53% de la población y que el 47.73% de las inscripciones correspondían a mujeres, los escaños ganados por ellas en el Legislativo no superaron el 33% (Ponce y Cruz, 2020). 

Como se ha mencionado anteriormente, el país ha tenido avances importantes como el establecimiento de leyes para garantizar la participación política partidaria e institucional, así como la posición de mujeres en puestos de jefatura; sin embargo, durante los últimos años solamente dos mujeres han sido presidentas de la Asamblea Legislativa: Gloria Salguero Gross (periodo de 1994-1997) y Lorena Peña (periodo de 2015-2016).

Este resultado no desmotivó a los movimientos de mujeres y feministas, sino lo contrario. Según lo detalla un estudio del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Herrera, 2015), en el año 2000, junto a las diputadas de esa legislatura unificaron sus esfuerzos por obtener paridad en la participación política. Cinco de las principales organizaciones feministas que velan por los derechos de la mujer en el país, entre estas: Asociación de Regidoras y Alcaldesas de El Salvador (ANDRYSAS), Colectiva Feminista para el Desarrollo Local, Asociación de Mujeres por la Dignidad y la Vida (Las Dignas), Asociación Movimiento de Mujeres Mélida Anaya Montes (Las Mélidas) y el Instituto de Estudios de la Mujer “Norma Virginia Guirola de Herrera (CEMUJER) trabajaron a lo largo de 10 años diferentes propuestas, proyectos e iniciativas orientadas a los partidos políticos para que estos se autorregularan y garantizaran no solo su participación sino también su representación política en los partidos políticos. 

Según Martín Barbero (1987) citando a Gutiérrez y Romero (1981):

Las condiciones de existencia de una “sociedad de masas” llevará al movimiento popular a una nueva estrategia de alianzas. Como si la nueva experiencia social tendiera a formar una nueva visión, una concepción menos frontalmente cuestionadora: La de una sociedad que puede ser reformada de a poco, la de una sociedad que puede llegar a ser más justa (pp. 171-172).

Tal fue el eco de las exigencias, voluntad y compromiso político obtenido por esta unión de mujeres que la Asamblea Legislativa se propuso dar cumplimiento al espíritu y letra de las convenciones y conferencias de las cuales El Salvador es firmante y se dio a la tarea de adecuar sus regulaciones internas, demandado la institucionalización de mecanismos que garanticen el avance de los derechos de las mujeres y de prácticas democráticas en igualdad de condiciones entre hombres y mujeres. Para garantizar su cumplimiento en el ámbito legislativo, la Asamblea consideró  por  Decreto Legislativo Número 852 del 29 de septiembre de 2011 y publicado en el Diario Oficial N° 189, Tomo 393, del 11 de octubre de 201,1 incorporar reformas al Reglamento Interior de la Asamblea Legislativa (RIAL) para establecer un Grupo Parlamentario de Mujeres (GPM), cuyo objetivo sería promover iniciativas a favor de las mujeres por medio de una agenda de consenso y negociación política; que a su vez tuviera una dinámica de diálogo e interlocución con las demandas de los movimientos sociales respecto a derechos y situaciones de las mujeres, por tanto quedó plasmado en el reglamento de la siguiente manera, Artículo 34-A.- Grupo Parlamentario de Mujeres:

Al inicio de la legislatura, las diputadas conformarán el Grupo Parlamentario de Mujeres, que podrá́ denominarse GPM, integrado por todas las diputadas propietarias y suplentes electas […]  El objeto será velar por el cumplimiento de la política de igualdad de género en la función legislativa y su plan de acción, con el soporte técnico de la unidad de género.


Figura 2. 

Grupo Parlamentario de Mujeres, período legislativo 2018-2021


  Fuente: https://www.facebook.com/GrupoParlamentarioDeMujeres/photos/a.3788501254581091/3788571414574075

Según el sitio web del Grupo Parlamentario de Mujeres (https://gpm.asamblea.gob.sv/), 

el trabajo realizado en sinergia por las ocho diputadas titulares y todas las diputadas suplentes de los distintos partidos políticos que lo conformaban durante la Legislatura 2009 -2012 dio paso a la formalización de lo que llamaron la Triada Legislativa de Género, compuesta por el Grupo Parlamentario de Mujeres, la Comisión de la Mujer y la Igualdad de Género y la Unidad de Género de la Asamblea Legislativa. Este esfuerzo no solo ha simbolizado un enorme logro en la lucha de las mujeres sino también permitió legislar en igualdad de género a favor de:

  • La generación de reformas al Reglamento Interior de la Asamblea Legislativa, para establecer como permanente la Comisión de la Mujer y la creación de la Unidad de Género. 
  • Incorporar la discusión y formulación de leyes relacionadas a la mujer e igualdad de género en una comisión idónea y especializada como la Comisión de la Mujer. 
  • Reformas la Ley de Partidos Políticos a fin de establecer una cuota de participación de género del 30% en planillas nacionales, departamentales y municipales.

La cuota de género se decretó en febrero de 2013 y se estableció en la Ley de Partidos Políticos de la siguiente manera: “los partidos políticos deberán integrar sus planillas para elección de diputaciones a la Asamblea Legislativa, Parlamento Centroamericano, y miembros de los concejos municipales, al menos con un treinta por ciento de participación de mujeres”. (Asamblea Legislativa de la República de El Salvador, Decreto Legislativo N°307, Ley de Partidos Políticos, Diario Oficial N° 40, Tomo N° 398, de fecha 27 de febrero de 2003. Artículo 38).

Establecimiento de la cuota de género para participar en elecciones

La cuota de género fue incluida en el “Capítulo V: Elección de Autoridades y Candidaturas Partidarias a cargos de Elección Popular” y según dicta el texto, el Tribunal Supremo Electoral será el organismo colegiado encargado de verificar que los partidos políticos o coaliciones cumplan con las disposiciones plasmadas en la ley. En una entrevista brindada al Noticiero Hechos el 1 de marzo del 2015, Margarita López, para ese entonces diputada por el partido Frente Farabundo Martí para la Libertad Nacional expresaba que “la participación de las mujeres ya es real porque estamos haciendo las cosas en el territorio con la población salvadoreña” (López, M. 2015). Las palabras de la diputada confirmaban el esfuerzo en conjunto y reconocían el respaldo de diferentes sectores en la sociedad salvadoreña y el impacto sobre todo de las luchas realizadas por las mujeres y organizaciones feministas en El Salvador.

Figura 3. 

Reconocimiento por parte de organizaciones feministas al trabajo del Grupo Parlamentario de Mujeres

 Fuente: https://gpm.asamblea.gob.sv/wp-content/uploads/2015/08/gpm-recibe-reconocimiento-de-organizaciones.jpg

Esta cuota del 30% de participación podría decirse que es mínima, sin embargo, el porcentaje ganado puede catalogarse de gran avance para la democracia salvadoreña, sobre todo después que en una sociedad patriarcal como se analizó en el contexto histórico, la mujer no tenía derecho a elegir a sus representantes, así mismo refleja la lucha por erradicar la desigualdad entre hombres y mujeres en el entorno político de El Salvador.

A propósito, en el 2020 para ese entonces la diputada del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), Cristina Cornejo dijo a la Revista La Brújula: “El tema de las cuotas es positivo a favor de las mujeres, pero no fuera necesario si la ciudadanía, los partidos políticos y la institucionalidad permitiera una participación igualitaria” (Ponce y Cruz, 2020).

A diferencia de los hombres, las mujeres han tenido que luchar por sus derechos. En el ideal de toda sociedad plural, inclusiva y con igualdad de garantías para todas las personas esto no debería suceder, ya que las mujeres deberían tener los mismos espacios y oportunidades, que permitan lograr una democracia paritaria. Cabe destacar que en la actualidad las mujeres se enfrentan a otro tipo de retos, pero siguen avanzando en la conquista de sus derechos fundamentales, con lo que se demuestra el éxito de los esfuerzos de integración de la perspectiva de género tanto en los espacios políticos como los parlamentarios depende sobre todo de la voluntad, disponibilidad, diálogo y entendimiento político.

 Referencias

Aguilar, J., & Guevara, C. (2017). Motivaciones de participación electoral de las Mujeres en El Salvador. San Salvador: Grupo Parlamentario de Mujeres, Instituto Universitario de Opinión Pública, de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas y ONU Mujeres, El Salvador (pp.126-127).

Arollo, L. (2021). Las olvidadas de América: Prudencia Ayala, la primera mujer que intentó ser presidenta en América Latina. El País. https://elpais.com/internacional/2021-03-07/prudencia-ayala-la-primera-mujer-que-intento-ser-presidenta-en-america-latina.html

Asamblea Legislativa de la República de El Salvador, Decreto Legislativo N°307, Ley de Partidos Políticos, Diario Oficial N° 40, Tomo N° 398, de fecha 27 de febrero de 2003. Artículo 38. Recuperado de:. https://www.tse.gob.sv/documentos/normativa-electoral/Ley-de-Partidos-Politicos-de-El-Salvador.pdf

Cáceres Prendes, J. (1993). Género, ciudadanía y cultura política en El Salvador, 1930-1959. Seminario Balance Histórico del Estado-Nación Centroamericano, San Salvador, 22-26 de noviembre de 1993.

Cañas Dinarte, C. (2004). El largo camino hacia el voto femenino. Vértice. elsalvador.com. http://archivo.elsalvador.com/vertice/2004/210304/deportada.html

Cienfuegos Agreda, R. (2021). Igualdad o desigualdad en la participación política de la mujer salvadoreña para el período 2021-2024. Universidad de Oriente. https://cidemo.univo.edu.sv/igualdad-o-desigualdad-en-la-participacion-politica-de-la-mujer-salvadorena-para-el-periodo-2021-2024/#:~:text=La%20participaci%C3%B3n%20pol%C3%ADtica%20de%20las,avanzado%20lentamente%20en%20El%20Salvador

FUNDE (2014). Breve recorrido histórico de la participación de mujeres en El Salvador. Alternativas para el desarrollo (pp. 1 - 5). http://www.repo.funde.org/id/eprint/921/3/APD-105-Art1.pdf

García Canclini, N. (2004). Organización popular y réplica sociopolítica. ¿De qué estamos hablando cuando hablamos de lo popular? (p.162-177). Diálogos en la acción, primera etapa, 2004. https://hugoribeiro.com.br/biblioteca-digital/Canclini-de_que_estamos_hablando_cuando_hablamos_de_lo_popular.pdf 

Herrera, M. (2015). Más allá de los números: las mujeres transforman el poder legislativo. Estudio de país: El Salvador.  Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. 

__. [Todas TV]. (13 de febrero de 2021). Participación política de las mujeres [Archivo de Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=pAicr6BOFsg

Instituto Salvadoreños para el Desarrollo de la Mujer [ISDEMU].  (2016). Plan Nacional de Igualdad 2016 - 2020. CEPAL. https://oig.cepal.org/sites/default/files/el_salvador_plan_nacional_de_igualdad_2016-2020.pdf

López, M. (2015). Participación de mujeres en la política / Entrevistada por Julio Guevara. Noticiero Hechos. Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=zhVyALiCmVA

Martín Barbero, J. (1986). De los medios a las mediaciones: comunicación, cultura y hegemonía (pp.101- 108 y 170-177). Gustavo Gili, S.A. http://abaco.uca.edu.sv/opacbfi/verdetalle_.php?idobra=157161 

Organización de las Naciones Unidas [ONU]. (1948). Declaración Universal de los Derechos Humanos. Recuperado de https://www.un.org/es/about-us/universal-declaration-of-human-rights

Organización de los Estados Americanos [OEA]. (1994). Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer "Convención de Belem Do Para". Recuperado de https://www.oas.org/juridico/spanish/tratados/a-61.html

Ponce, R., Cruz, F. (9 de septiembre de 2020). La participación política de las mujeres: un desafío contra la violencia machista. Revista La Brújula. Recuperado de: https://revistalabrujula.com/2020/09/09/la-participacion-politica-de-las-mujeres-un-desafio-contra-la-violencia-machista/

 

William Adrian.
Soy Licenciado en Artes Plásticas, opción Diseño Gráfico por la Universidad de El Salvador. Me desempeño en el área de comunicaciones y producción multimedia de la Colectiva Feminista para el Desarrollo Local, una organización feminista que trabaja desde diferentes ejes dentro del territorio salvadoreño; y cuyo objetivo es lograr el empoderamiento y reconocimiento de las mujeres en todos los ámbitos de la vida, para tener una sociedad más justa y equitativa. También soy consultor en el ámbito de producción audiovisual, creación de campañas y herramientas comunicacionales para el cambio de imaginario social.


Xiomara López. Me gradué como Licenciada en Comunicaciones y cursé un posgrado en Relaciones Públicas en la Universidad Tecnológica de El Salvador, a lo largo de los años he tenido la oportunidad de sumar mayores conocimientos con seminarios y cursos. Laboralmente me he desempeñado en áreas de Social Media, Marketing, producción y coordinación para TV, personalmente he disfrutado mucho la experiencia y aprendizaje de mis últimos trabajos; actualmente me desempeño como jefa de prensa.
 



¿Cómo se entienden los conceptos de hegemonía y cultura en Gramsci?

Por Brenda Melissa Joya Renderos

Fuente: https://www.igsitalia.org/

Hablar de Antonio Gramsci supone un reto para cualquier académico, pues siendo uno de los referentes en filosofía en temas de cultura y comunicación, analizar su pensamiento desde una postura innovadora es realmente desafiante. Por lo tanto, este ensayo se enfoca en la comprensión de los términos de hegemonía, sentido común y cultura que Gramsci propone, su relación de análisis y posibles aplicaciones; así como comprender la postura del autor en su contexto. Para ello se revisan, tanto obras directas del autor principal, como otros autores que han estudiado el pensamiento del filósofo italiano. Ese es, por lo tanto, el aprendizaje principal en este ejercicio de reflexión y ampliación de conocimientos sobre el pensamiento de uno de los grandes del siglo XX. 

Para todas las profesiones académicas es necesario el estudio de textos académicos, tal cual es la química para laboratoristas o fisiología para médicos; en el caso de las ciencias de la comunicación, es el estudio de sus teorías su principal herramienta de análisis; con ellas se pueden entender razones de interacciones humanas, formas de ver el mundo, mediaciones, interacciones, etc. Forman parte del abanico de posibilidades para sumergirse en reflexiones teóricas de este campo.

En el apasionante mundo del estudio académico de las comunicaciones sobresale Antonio Gramsci, un filósofo, dirigente y periodista italiano que destaca por su aporte en diversos ámbitos, uno de ellos es el cultural. Gramsci tuvo sus estudios en la Universidad de Turín en filología, fue fundador del diario comunista l'Unità, secretario general del Partido Comunista Italiano y diputado por Venecia (Infoamérica, s. f.). Esto da un panorama de la vida Gramsci, más aún al saber que una de sus obras más famosas fueron los cuadernos que escribió desde prisión, donde según Infoamérica (s.f), recoge “el núcleo central de su pensamiento”.


Fuente: https://izquierdaweb.com/82-anos-de-la-muerte-de-antonio-gramsci/

De la biografía de Gramsci se rescata – entre muchas otras cosas – su capacidad de análisis en cuánto al contexto vivido, es decir, que con la experiencia que tuvo al estudiar la filosofía de la praxis y la influencia de la Unión Soviética en el ejercicio político de Europa resalta su deseo y ambición de querer aplicarlo al contexto italiano. Ese espíritu que sobresale en Gramsci -además de su inherente intelectualidad- lo lleva a escribir obras que han trascendido en el tiempo. Su teoría y sus fundamentos han logrado desentramar conceptos que explican realidades actuales, en otras palabras, la vigencia de su análisis permite encontrar respuestas y formas de analizar fenómenos culturales, comunicacionales, educativos, y políticos actuales. Por ello, el ensayo se centra en el aporte a la cultura, específicamente en el término hegemonía y cómo este proceso influye en la forma de interpretar el funcionamiento del mundo en cuanto a sus relaciones productivas con su modo de producción y las relaciones sociales que se establecen; así como identificar qué envuelve el análisis de la realidad desde una postura hegemónica o contra hegemónica desde una mirada cultural y comunicacional. Gramsci entiende por hegemonía:

Algo que opera no sólo en la estructura económica y la organización política de la sociedad, sino, además, específicamente, sobre el modo de pensar sobre las orientaciones teóricas y hasta sobre el modo de conocer (citado por Gruppi, 1978, p. 10).

Fuentehttp://www.filmaffinity.com

Además, Gruppi ayuda a la comprensión de hegemonía diciendo que “es tal en cuanto se traduce en una reforma intelectual y moral” (p. 102). Estas definiciones invitan a confirmar que la hegemonía se encuentra en esa dimensión simbólica a la que pertenecen nuestras estructuras mentales, es decir, la forma en que razonamos, la forma de explicarse sucesos, relaciones sociales y el entorno. La hegemonía, según Gramsci, la podemos comprender como algo ubicuo y que se construye por canales que pasan desapercibidos o en un proceso de normalización en su máxima expresión. Incluso se podría decir que las conciencias individuales sobre este proceso no se están asumiendo como una realidad existente porque su campo de elaboración hegemónico pasa en la dimensión simbólica e intangible como las estructuras mentales de los individuos.

Según algunos postulados básicos sobre la filosofía de la praxis, cada estructura económica que avanza -que varía por el desarrollo de sus fuerzas productivas- tiene su superestructura política e ideológica; por lo tanto, un análisis de Marx citado por Gruppi (1978) clarifica que “no es la conciencia de los hombres la que determina su ser; por el contrario, su ser social es lo que determina su conciencia” (p.31). Es decir, si una clase hegemónica impregna su concepción del mundo en las clases subalternas, la conciencia de estas clases – aunque sean proletarias – serán hegemónicas y, por ende, su práctica reforzará dicha hegemonía. Además, Gruppi confirma que la superestructura de la base económica está en el modo de pensar, es decir, la conciencia.

Con estas especificaciones se comprende que la superestructura es un aparato hegemónico, en el cual se vierten ideas con el propósito de crear conciencias y maneras de ver el mundo, independientemente de la clase social a la que pertenecen. Por lo tanto, la superestructura es considerada hegemónica, sin embargo, no se podría clasificar como la única expresión de hegemonía.

Nota: Autora, Eulogia Merle

Además, se comprende la hegemonía como un proceso de dirección política e ideológica con múltiples manifestaciones en la sociedad civil que influencia el sentido común de dicha sociedad podemos hablar de esa capacidad para instalar y provocar concepciones del mundo. Gramsci (1971) se refiere al sentido común como “un orden intelectual” y “una norma de conducta” (p. 14). También aprovecha para agregar que en el sentido común tiene características difusos y dispersos de un pensamiento genérico de cierta época y de ambiente popular. Pero que toda filosofía tiende a convertirse en sentido común de un ambiente determinado.

Es decir, que Gramsci vincula el sentido común a la vida cotidiana, en la manera de interactuar en un ambiente u entorno. También reflexiona sobre el contacto cultural con los “simples” -en referencia a la sociedad civil o aquellos que denominan estratos subalternos- que son los que construyen un sentido común que sea capaz de mantener sus propios pensamientos individuales pero que conecte con la coherencia de transformación en una colectividad.

Nota: Ilustración de Daniel Grande 

Lo anterior es algo que en Gramsci se identifica como un sello en sus obras: la continua insistencia de la transformación de la sociedad. Esto tiene su explicación en la teoría marxista por la que era guiado y manifestaba que esta teoría aplicada lograría una nueva forma de convivir, una transformación y creación de una nueva cultura. También deja la puerta abierta a preguntas como ¿en quiénes crean esas conciencias y esas nuevas concepciones del mundo? Pues en una sociedad determinada y a lo que teóricos marxistas denominan las “masas”. La hegemonía, pues, se caracteriza por influir en la estructura económica, social y política, y sin dejar de lado la influencia cultural. Se reflexiona por tanto que la hegemonía tiene su aplicación en la vida cotidiana como el sentido común que orienta a las personas a actuar y pensar de determinada forma.

Es válido cuestionarse la posibilidad que grupos de hombres y mujeres podrían identificar las fuerzas hegemónicas de la que son parte y cómo se relacionan con la conciencia política. Gramsci (1971) lo plantea así:

La comprensión crítica de sí mismo se logra a través de una lucha de "hegemonías" políticas, de direcciones contrastantes, primero en el campo de la ética, luego en el de la política, para arribar finalmente a una elaboración superior de la propia concepción de la realidad. La conciencia de formar parte de una determinada fuerza hegemónica (esto es, la conciencia política) es la primera fase para una ulterior y progresiva autoconciencia, en la cual teoría y práctica se unen finalmente (p. 16).


Nota: Ilustración de Daniel Grande

Gramsci deja claro dos cosas: Primero, se habla la pluralidad de la hegemonía que se encuentran en disputa por, quienes él caracteriza como “masas”, hombres y mujeres de la sociedad, y que cada uno pasa a ser consciente o no de la fuerza hegemónica de la que forma parte; segundo, aparece nuevamente su señalamiento a la filosofía y praxis del ejercicio político, al referirse que ese ejercicio de la autoconciencia es un punto de coincidencia para la transformación práctica de la realidad.

Además, el italiano esclarece continuamente en sus análisis de no caer en el “mecanicismo” en las elaboraciones conceptuales y filosóficas que tengan que ver con la unificación entre la teoría y práctica, si no verlo como un “devenir histórico” (Gramsci, 1971, p. 17). Es decir, practicar en ejercicio político que hace un llamado a analizar la globalidad de un fenómeno o situación. Eso mismo aplica con las fuerzas en disputa que se menciona, es procurar analizarlo sin polaridades.

Llama la atención la insistencia de Gramsci (1971) que este proceso de reforma intelectual y moral debe estar guiado por quienes se dedican precisamente a la intelectualidad. Sin embargo, debe buscar un progreso intelectual de masas y no solo de pequeños grupos para no limitar la actividad científica y que el sentido común no quede en sus “estímulos más primitivos” sino conducirlo a una “concepción superior de la vida” (p13).

Definitivamente Gramsci veía el involucramiento de las masas como una parte clave para esa reforma intelectual y moral. Además, cabe destacar que el autor también hacía reflexiones teóricas para el quehacer de los partidos políticos en su función histórica, y cómo debía ser la relación entre dirigentes y masas, así como de las tareas de la actividad científica entre otros temas que también rescatan el aporte teórico de Antonio Gramsci. Por ello, continuamente los relaciona con el término de hegemonía y cultura, ya que, para perseguir esos objetivos políticos y sociales, los términos estudiados en este ensayo no están desconectados. 

Gramsci (1975) en los cuadernos de la cárcel explica el “ejercicio normal de la hegemonía” y nos dice que:

Está caracterizado por una combinación de la fuerza y del consenso que se equilibran, sin que la fuerza supere demasiado al consenso, sino que más bien aparezca apoyada por el consenso de la mayoría expresado por los llamados órganos de la opinión pública (p. 124).


Fuente: https://gramscilatinoamerica.wordpress.com/2019/02/08/gramsci-y-los-cuadernos-de-la-carcel-un-cortaziano-modelo-para-armar/

Esto proporciona otras categorías de análisis para la comprensión de hegemonía: el consenso y la fuerza. Generalmente el consenso se interpreta desde una connotación de voluntad u conformidad, y la fuerza se relaciona como dominio represivo u armamentístico o fuerzas policiales, etc. Un análisis aplicado de lo anterior, es la invasión y colonización de América, en el cual se encuentra un peso importante del componente ideológico en el proceso de la imposición de determinadas concepciones del mundo (relacionada a la monarquía, la iglesia, explotación de materiales, etc.)  sobre las poblaciones originarias. Siendo este suceso el ejemplo de una hegemonía de dominación y conquista por la fuerza, con la aplicación de aparatos de represión caracterizados en su tiempo como los avances en la pólvora y metalurgia en el campo de dominio de territorios y guerra.

¿Pero qué ejemplo puede haber sobre el consenso y que quede evidenciada la característica de “voluntario”? La Iglesia y la religión. Por consenso institucional y de la feligresía no se oponen a la manera de ver y analizar la realidad desde su religión. Sin embargo, esta institución a través de su historia ha aplicado una hegemonía de su filosofía a los creyentes en ambas vías, por consenso como ya se explicó, a través del poder que representa en una sociedad y el significado simbólico que tiene en determinadas poblaciones el pertenecer a una iglesia, principalmente la católica. Y no se puede evitar pensar en la historia cruenta de la iglesia al expandir su religión con vestigios de sangre, tortura y explotación humana, como el caso mismo de la invasión y colonia, así como la inquisición en Europa.

Gramsci y cultura

Interiorizar el concepto de hegemonía es fundamental para entender cómo la cultura – una dimensión simbólica en disputa y en constante reconstrucción – se determina por condiciones de una región específica que sean estructurales, llámese económicas, políticas y sociales. Cada ser humano, en el proceso de la vida misma, va adquiriendo conciencia del entorno del que forma parte, de la manera en cómo se vive y percibe la realidad que lo rodea. En fin, lo que se ha denominado forma o estilo de vida como sinónimo de cultura.

Pulido Chaves (2021) en conjunto con CLACSO aportan al proceso de dimensión y comprensión del término cultura basándose en los conceptos que proporciona Gramsci. Por lo tanto, expresa que es:

Organización, disciplina del yo interior, apoderamiento de la personalidad propia, conquista de superior consciencia por la cual se llega a comprender el valor histórico que uno tiene, su función en la vida, sus derechos y sus deberes (p. 33).

Nota: Ilustración de Daniel Grande

Sobresale nuevamente el llamado de Gramsci a la autoconciencia de hombres – y mujeres – y agrega otros componentes como organización o función en la vida que podría interpretarse en el plano de la acción/práctica, principalmente cuando alude a sus derechos y deberes. De alguna manera está involucrando el papel de individuos en una estructura como es la sociedad, una comunidad o una institución, etc. Incluso podría vincularse sobre las mediaciones existentes para una expresión cultural. Ciertamente Gruppi (1978) también aporta a la comprensión de hegemonía-cultura al confirmar que: “La hegemonía se realiza en tanto esta identifica las mediaciones, las coaliciones con otras fuerzas sociales, encuentra también relaciones culturales, establece contacto y un cotejo cultura y hace valer las posiciones propias en el campo cultural” (p. 87).

Si se tiene clara la relación sobre que la hegemonía se reproduce a través de una superestructura –entendiéndolo como un campo ideológico– es inherente hablar de los mecanismos que tiene esta como la educación, la religión, medios de comunicación y otras maneras de establecer interacciones sociales y compartir esas ideas que fortalecen el aparato hegemónico. A través de estos canales se naturaliza una construcción cultural basada en una clase hegemónica.

Gramsci (1971) se refiere que para hacer una nueva cultura es necesario difundir verdades y socializarlas – ampliarlas u extenderlas – y “convertirlas en base de acciones vitales, en elemento de orden intelectual y moral” (p. 9). También, el italiano aprovecha para profundizar la reflexión que es mejor que una nueva verdad -interpretándose como una nueva cultura- sea patrimonio para que la masa de hombres sea llevada a pensar coherentemente la realidad de su presente, y no que quede como patrimonio en los intelectuales y sus pequeños grupos.

Por lo tanto, la cultura denota la característica de ser construida por quienes la viven, que sea una práctica diaria y no premeditada para que se vuelva un aspecto cultural en el sentido común de un determinado grupo social. La cultura con sus múltiples expresiones, por el paso de la historia, se ha afirmado que mantuvo el carácter de ser patrimonio de intelectuales, sobre eso Gruppi (1978) retoma un análisis de Gramsci que analiza del contexto italiano mencionando que:

La única forma de arte y cultura que, según Gramsci, asumió la función nacional y popular, que ha llegado profundamente a los sectores y los ha vinculado a ciertos conceptos del bien y del mal, del compromiso civil, etcétera, ha sido el melodrama, la ópera (p. 117).

Nota: El Melodrama. Fuente: https://bustena.wordpress.com/historia-de-la-musica-online/el-siglo-xix/unidad-18/

A raíz de eso, se interpreta que la cultura debe tener una función nacional y popular, entendiendo este concepto como una asimilación en las clases subalternas para vincular un valor a alguna acción; por ejemplo, en Italia se vinculó los sentimientos cívicos en el melodrama y la ópera. En la actualidad, se ejemplifica en diversos países que, con su propio folclore, ritmos, representaciones artísticas públicas, etc. se está cimentando una “cultura nacional”. No es difícil de ilustrar cómo la humanidad tiende a ensalzar los valores cívicos - tras la conformación de los Estados-Naciones como forma política de organización- a símbolos que buscan la cohesión y unificación de sus individuos. Otro ejemplo podrían ser las canciones emblemáticas de cada región y los tipos de danzas específicas que se ha venido asimilando como parte de la concepción de cultura.  Así se cumple con lo que Gramsci (1978) afirma que la reforma intelectual y moral, o sea hegemonía, debe fundirse en las mentalidades de todos los estratos de las clases subalternas (p. 118).

Por mencionar a la región mesoamericana y destacar los ritos vinculados a la cultura de pueblos originarios que prevalecen y coexisten en varias regiones tales como Guatemala, Honduras, México y El Salvador. Es decir, en estas regiones se ha logrado identificar valores como el respeto o agradecimiento en símbolos específicos, que algunas de ellas tienen su explicación en el sincretismo religioso por el que atravesó el continente. Siendo así un claro ejemplo de cómo el sentido común y las estructuras mentales tuvieron una transformación a nivel simbólico de quienes habitaban el continente incluso marcando la mentalidad de la descendencia de estos.

Relación lenguaje - sentido común - cultura

Según Gramsci (1971) considera que al emplear el lenguaje es hacer filosofía espontánea porque es propio de “todo el mundo” y que el lenguaje es “un conjunto de nociones y conceptos determinados y no simplemente de palabras vaciadas en contenido” (p. 7). Con esto, el autor introduce la posibilidad que las personas realicen cuestionamientos a estructuras, que se tenga la posibilidad de analizar e interpretar el mundo porque se tiene la capacidad dada desde una de las más naturales del ser humano: el habla y el lenguaje.

Para realizar este análisis Gramsci (1971) profundiza que el sentido común sobrepasa una elaboración individual de conceptos, e invita a verlo como “la lucha cultural por transformar la mentalidad popular y difundir las innovaciones filosóficas” entre ellas claramente el lenguaje y el idioma (p. 30).  En la misma obra se brinda su primer acercamiento al término lenguaje al afirmar que:

Me parece que se puede decir que “lenguaje” es esencialmente un nombre colectivo que no supone una cosa única ni en el espacio ni en el tiempo. Lenguaje significa también cultura y filosofía y, por lo tanto, el hecho “lenguaje” es en realidad una multiplicidad de hechos más o menos orgánicamente coherentes y coordinados. Llevando al límite se puede decir que cada parlante tiene su propio lenguaje, esto es, un modo propio de pensar y de sentir (Gramsci, 1971, p. 31).

Nota: Ilustración de Daniel Grande

Esto esclarece definitivamente la vinculación de sentido común y lenguaje porque cada individuo tiene su propia mentalidad que es expresada a través del lenguaje e incluso de cómo se vive y, por ende, hace referencia a los agrupamientos de personas que se dan alrededor de un habla que estimulan una especie de un “terreno común cultural” donde se pueda tener un lenguaje común, incluso, modos comunes de razonar (Gramsci, 1975).

Este análisis abre la puerta al cuestionamiento sobre cómo se está interpretando el lenguaje en la actualidad, es decir, se dimensiona que el lenguaje es como un camino dentro de este terreno común cultural y que este sea una forma para influir las estructuras mentales y, por consecuencia, del sentido común. Esto podría incluso ser analizado por la lucha política de la resignificación del lenguaje, por ejemplo, en el uso del lenguaje inclusivo, o anexión de palabras de un ecosistema digital que es naturalizado y expresado como si hubiesen tenido el carácter de inherencia a través del tiempo.

 Como se debe suponer, no se puede ni debe separar la idea que todo sistema cultural tiene como pieza fundamental el lenguaje. Al fin y al cabo, el lenguaje nombra, califica, normativiza y valora las cosas y las relaciones entre hombres y mujeres; por lo tanto, transformar el sentido común, es también transformar el lenguaje (Gramsci citado por Paoli, 1984).

¿Qué reflexión haría Gramsci en los tiempos de la era digital?

Nota: Ilustración de Daniel Grande

Sin duda, el ejercicio de sintetizar y reflexionar sobre postulados de Gramsci en estos temas provoca reflexiones de diversa índole y revela muchas otras posibilidades para seguir explorando. Es realmente cautivante tratar de entender el análisis de Gramsci, así como dimensionar la capacidad analítica y su forma de ver el mundo, y más importante, su llamado continuo a la transformación de este. El ensayo no pretende contestar qué diría Gramsci en un contexto digitalizado -donde el propio capitalismo ha adquirido otras características que Gramsci no logró ver- sin embargo, estudiarlo como un autor que brindó aportes desde condiciones específicas en un tiempo y espacio determinado puede brindar luces a quienes estudian comunicación y cultura teniendo así un reto de seguir innovando en teorías que sigan rescatando el aporte de Antonio Gramsci.

Finalmente, aquella sentencia conocida del juez que lo mandó a prisión con el argumento de “impedir que ese cerebro siguiera funcionando” fue una acción en la que queda demostrada que el ingenio de intelectuales del nivel de Gramsci no puede ser detenido porque siempre encuentra maneras de brotar y perdurar. Por tanto, es que su legado sigue teniendo influencias en la manera cómo se piensan la relación comunicación-cultura (Schmucler, 2008, p.501).

Referencias

 Gramsci, A. (1971). El Materialismo Histórico y la Filosofía de Benedetto Croce. Argentina. Ediciones Nueva Visión S.A.I.C (Traducción Isidoro Flambaun). https://creandopueblo.files.wordpress.com/2011/08/gramsci-elmaterialismohistorico.pdf

Gramsci, A. (1975). Cuadernos de la Cárcel. Turín. Ediciones Era (Trad. Ana María Palos). https://kmarx.files.wordpress.com/2012/06/gramsci-antonio-cuadernos-de-la-cc3a1rcel-vol-1.pdf

Gruppi, L. (1978). El concepto de hegemonía en Gramsci. México. Ediciones de cultura popular.

Infoamérica. (s. f.). Antonio Gramsci. https://www.infoamerica.org/teoria/gramsci1.htm

Paoli, A. (1984). La lingüística en Gramsci. México. Editora PREMIA. http://www.comunicacion4.com.ar/archivos/PAOLI-LaLiguisticaEnGramsci.pdf

Pulido Chaves, O. (2021) Hegemonía, cultura y educación: introducción a las estructuras culturales disipativas. México. CLACSO. http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/se/20210805020644/Hegemonia-Pulido-Chaves.pdf

Schmucler, H. (2008). Comunicación, cultura y desarrollo. En A. Gumucio-Dagron y T. Tuffe. (comp). Antología de comunicación para el cambio social: lecturas históricas y contemporáneas. Consorcio de Comunicación para el Cambio Social.



Brenda Melissa Joya Renderos
es Graduada de Licenciatura en Ciencias de la Comunicación de la Universidad Don Bosco. Actualmente estudiante de la Maestría en Gestión Estratégica de la Comunicación de la Universidad José Simeón Cañas (UCA). Experiencia en Monitoreo de medios, administración de redes sociales y producción multimedia.